Poesía seleccionada de Bertolt Brecht
Las muletas Durante siete años no pude dar un paso. Cuando fui al gran médico, me preguntó: «¿Por qué llevas muletas?» Y yo le dije: «Porque estoy tullido». «No es extraño», me dijo. «Prueba a caminar. Son esos trastos los que te impiden andar. ¡Anda, atrévete, arrástrate a cuatro pata s!» Riendo como un monstruo, me quitó mis hermosas muletas, las rompió en mis espaldas y, sin dejar de reír, las arrojó al fuego. Ahora estoy curado. Ando. Me curó una carcajada. Tan sólo a veces, cuando veo palos, camino algo peor por unas horas. Recuerdo de María A. Fue un día del azul septiembre cuando, bajo la sombra de un ciruelo joven, tuve a mi pálido amor entre los brazos, como se tiene a un sueño calmo y dulce. Y en el hermoso cielo de verano, sobre nosotros, contemplé una nube. Era una nube altísima, muy blanca. Cuando volví a mirarla, ya no estaba. Pasaron, desde entonces, muchas lunas navegando despacio por el cielo. A los ciruelos les llegó la tala. Me pregunta...